| La modalización en el discurso poético de Leopoldo María Panero |
| Escrito por Pendulo | |
| sábado, 17 de octubre de 2009 | |
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La poesía destruye al hombre... La poesía destruye al hombre mientras los monos saltan de rama en rama buscándose en vano a sí mismos en el sacrílego bosque de la vida las palabras destruyen al hombre ¡y las mujeres devoran cráneos con tanta hambre de vida! Sólo es hermoso el pájaro cuando muere destruido por la poesía. "El último hombre" 1984 Fausto Carámbura* Primera parte En el desarrollo siguiente de este análisis trataré de desdoblar una de las tareas más prominentes en literatura: la modalización en el discurso poético del español Leopoldo María Panero (Madrid, 1948), poeta transgresor, considerado poeta maldito contemporáneo, apegándome, no sólo al discurso del autor, sino también desarrollando los recursos retóricos y las estrategias literarias que en su momento se utilizaron para expresar su voz. Para ello tomaré en cuenta el estudio de los mecanismos retóricos y el momento histórico tanto del autor, como del lector dentro del proceso de creación consciente de la obra literaria: la concepción del lector por parte del propio Leopoldo María Panero y la concepción subjetiva del lector hacia el autor, dilucidándose el sentido de lo escrito y su intención, basándome en la abstracción de la interacción autor-texto-lector, es decir, del receptor que no puede aprehender directamente la concepción del autor sino hasta leer el texto como tal, ni el autor obviar la condición histórica del lector que en este sentido deja un vacío del enfoque comunicativo.
El lector se identifica con Panero por su complicidad ante la vida, la formación humanista, la experiencia con las drogas y sus elementos culturalistas en su obra “Last river together” que aparecen de forma más o menos explicitas. Las múltiples repeticiones de palabras, la estructura sintáctica, ya sea de verso o prosa, usadas tanto para crear una especie de ritmo obsesivo y para dar al texto una especie de monologo interior: la blasfemia, la vida como un sueño, el “antiespañolismo” (el poema “Contra España” uno de los más característicos). El malditismo con “Es tan bella como la ruina” y el que nos sirve de tema para el análisis de modalización intitulado “La poesía destruye al hombre”, como proceso de transición ahistórica, donde el tiempo irremediablemente se detiene, por la crisis de la conciencia propiamente personal y el sucinto informe sobre las condiciones sociales e intelectuales en la época actual. A decir verdad, el objetivo se orienta a saber porqué motivos el poema es el resultado mismo de las sugestiones provocadas por una pregunta que nunca ha podido formularse de modo claro y directo, por ello el lector comprenderá la debida transformación del contexto histórico gracias al placer producido por la lectura que de uno u otro modo habla más allá de su carácter inexcusable ante la vida. En el análisis de “La poesía destruye al hombre” se recabarán datos enfocados a “La pragmática del discurso poético” y la similitud entre lo que se dice y lo que se intenta decir como proceso intencional de semiosis: la producción de signos y la manera en que éstos operan para producir significados. Siendo la base fundamental la acción de los signos, una vertiente pragmática, el enfoque estructural generativo, la operación productora de los signos y el resultante del proceso semiótico: el signo, el objeto y el interpretante que, ayudan de una u otra forma a tener un enfoque más específico de un sentido y de la construcción de la realidad. El destino interpretativo del poema se rige puramente de varios canales sistemáticos: El primer precepto de la obra es saber desde dónde se focaliza el texto y para ello debemos tomar conciencia de la actitud del poema ante cada lector, no olvidando que la lírica rompe con toda polaridad, es decir, el estado verdadero de la creación. ¿Por qué atreverse a distender esta afirmación? La sola idea de crear, conduce irremediablemente a un desorden de imágenes, en los cuales se interponen un enunciado que separa la forma interna con la forma externa del poema mismo, puesto que hasta para el mismo autor, la obra es producto de interpretación denominada como “subjetividad temática”, es decir que el poema habla sobre el mismo, el hablante que es el autor sin tener conciencia de ello: hablar consigo mismo como objeto y no como sujeto. Por ejemplo: el quehacer del poema, desde dónde surge la estructura y hasta dónde quiere partir. La linealidad temática de Panero se afronta sin discusión en la creación del hombre como sustancia, todo lo que implica decir y decidir desde una constante, lo que aporta la poesía en la vida del hombre: la destrucción. Desde aquí el análisis es meramente especulativo; Panero, sin atreverme a partir desde su condición histórica, reduce el tiempo a uno solo. No existen (para él) varios canales de receptividad sino dentro del poema. Los actantes son indefinidos, sin embargo, adquieren una cualidad (casi) intrínseca de la realidad. El campo de experiencia del sujeto adquiere su enunciación interna, una mera identidad discursiva e intuitiva sin definir lo que se dice, el porqué, el cómo y a quién va dirigido. La conciencia del poema empieza en cuanto es leído, poco a poco adquiere una identidad y poco a poco agrega y asocia varios canales de percepción. Gennete (1969) afirma que la base de la definición de la poesía está en una actitud de lectura ante diferentes textos. Por ello, evocar un poema de forma objetiva es contraponer el margen de silencios de los que se sostiene. |