Manifiesto Anti-Intelectual de Obn Sircán
Escrito por Pendulo   
sábado, 17 de octubre de 2009
Milev Likferd

Nadie es completamente distinto de otro, todos somos de un molde irreversible, y en consecuencia un mismo fin, el de saberse hecho para no ser eterno. Es uno de los desconciertos del ser humano, el verse limitado a un tiempo, además de un espacio, la falta de bipartición de la materia humana, conflicto tras conflicto, a saber, la pasión de las pasiones. A veces se quiere transgredir los principios razonables de la autonomía mental, ir más allá de lo que se considera posible, es decir, buscar en el inconsciente lo que las venas y la carne teme, un resquicio de divinidad, de plenitud atemporal, lo cual no existe, según el entendimiento humano universal.
    Intentar siquiera derrocar esta postura es una locura, un delirio que debe encerrarse tras los barrotes de una nívea habitación, de lo contrario, se vagaría por el mundo en una realidad trastocada por la fantasía y la intransigencia, en el cual su resultado sería una debacle individual de quien padece tales síntomas.
   Hurgando dentro de sí mismo se encuentran alojadas respuestas insospechadas, entes que vagan en la masa grisácea como si quisieran escapar de esa prisión celular. No tienen hacia dónde huir, no hay posible escapatoria, giran para regresar al sitio de origen. Sin embargo, jamás se cansan de tentar al posesor de las ideas y maquinaciones, lo golpean con los grilletes que lo atan, y quitan las suturas de un pasado que se tatúo en cada filamento.
   Si fuese posible siquiera que los pensamientos humanos se manifestaran en objetos, en cosas tangibles, el mundo estaría invadido, no habría espacio para todos, sería un caos de ideas, de manifiestos, de nuevos seres pululando alrededor de todos. Miseria para los escépticos, alegría de los simbólicos, de los que creen en el poder de la mente, en la transmutación del alma en un espacio físico, lo inmaterial hecho sustancia olfativa, sonora y táctil, algo digno de ver.
   Quizás puedan parecer divagaciones, o inquietudes de un hombre deseoso de lo etéreo, alejarse de lo terrenal para acercarse a entidades no conocidas, que sin embargo, debe revelarse en el espacio que todos transitamos, el de la cotidianidad, el del sudor y el salario, el universo convencional.  Se dejaría a un lado lo artificial, lo superficial y vano, lo que no perdura, el sólo hecho de imaginar el intento de una exposición del alma (sí es que esta existe) en algo concreto sería darle un giro a la Historia y a las diferentes concepciones ideológicas, llámese de tipo religioso o sagrado, y lo que las diferencia.
   Una nueva mística, el acercamiento a los paradigmas de la creación y de la misma destrucción, esa misiva se ha puesto en marcha y no podrá detenerse, si al menos se intenta será total, nadie puede detener una locomotora con una mano, de la misma manera una filosofía de transmutaciones y excesos amorfos se conocerán, incluso, se podrá decir que está a la vanguardia en ideas menos pragmáticas, incluso más orgánicas. 

Un grito interno que se desata al recordar el horizonte gris, una delgada línea de suspensión del intelecto, si es que este aún intenta desligarse de las ataduras de la ficción, o después de tanto esfuerzo es derrotada por el deslumbramiento de la demencia, convertida en otra forma de exquisitez del lenguaje llevado al extremo de lo ambiguo, no erróneo, más sí capaz de doblegar al más innato de los convencionales.
   Las horas pueden medirse por ideas en un espacio reducido a la imaginación, al intentar rememorar el exterior, con sus calles olvidadas, sus ruidos estrepitosos y las olas del viento tímido, toda una conjunción sorda para quien desea la calma. La introspección de sus carencias y la ilusión de algo nuevo y diferente a lo que se ve, a través de una proyección astral, que no es más que un engaño del inconsciente, una artimaña para que el Yo se transporte a otras dimensiones escondidas dentro del propio ser y no más allá del mundo material. Es la avaricia por poseer lo que se aloja en lo profundo de la mente, los deseos diáfanos de un ente atormentado, y que la única forma de escapar es engañarse (y creerlo vorazmente) para encontrar un lugar en un espacio que no le pertenece a él ni a nadie, es propiedad de Otro que en realidad no está pero que lo habita.  

Sala 23, Pasillo 10, Habitación 77.
 Nombre del paciente: Desconocido.
Ingreso: Abril 1983.
Estado mental: Irreversible.
Anotaciones y observaciones:

El paciente no habla, únicamente escribe en las paredes con un carboncillo que se le encontró en la bolsa del pantalón y que no se percibía como un objeto peligroso. El extracto de ideas anteriores fue analizado por el Dr. Ruppert Zorn, quien al no encontrar mayor ilación las transcribió en un orden que aparente fue diseñada por el paciente como una numeración no aleatoria. Existen aún más escritos hechos por el paciente que se les hará el análisis psicológico y lingüístico pertinente. El paciente sin nombre desapareció sin razón aparente. Se llevan a cabo las investigaciones y no hay indicios de su posible paradero, y mucho menos de cómo escapó. No se pudo comprobar que el paciente se llamaba Obn Sircán.