Vicente Huidobro: He ahí tu paracaídas maravilloso como el vértigo.
Escrito por Pendulo   
viernes, 25 de septiembre de 2009
Flavio Uriel Domínguez Albores
Segunda parte
A fin de cuentas, sea cual fuere la condición en la que el hombre-poeta se desarrollara, sin importar si su condición va de acuerdo al sufrimiento, o si su existencia es una indescriptible agonía; o bien, en el dado caso de que viva entre realeza, deberá cumplir con su cometido: siendo elegido sobre los demás hombres, seres y cosas, para traer el mensaje de los dioses, sean éstos benevolentes o terribles, es la mejor manera de ejemplificar la imperiosa necesidad del testimonio, de la urgencia de una memoria que haga recordar que los seres humanos, a pesar del tránsito de Cronos, poseen dentro de sí mismos, un origen divino.
     Desde este punto la lectura se acelera y deslumbra. Altazor es el poeta en paracaídas, es el profeta creador desde el origen de todo lo existente. La propuesta de Huidobro es que el poema sea el universo y él el creador. Un universo autónomo de la naturaleza y que se sirve de ella no para copiarla sino como instrumento. Por eso las imágenes le parecían insólitas, porque son nuevas, creadas, y responden a la naturaleza interna, y no están en relación con la naturaleza externa. El poema es otra cosa, realmente es otra cosa:

Hombre, he ahí tu paracaídas maravilloso como el vértigo
Poeta, he ahí tu paracaídas, maravilloso como el imán del abismo


     Éstos y otros avances hacen meritorio la idea de que efectivamente Huidobro haya elaborado, paralelamente a su producción creacionista, un poema que pudiera hacerse cargo de las experiencias y energías que no podían canalizarse o encontrar expresión en los moldes demasiado estrechos del creacionismo. Altazor sería el resultado final de ensayos escritos que habrían surgido en contrapunto con el creacionismo y también con otras formas, tradicionales y vanguardistas, de hacer poesía. Desde este origen podría surgir la apariencia de un cúmulo de textos —una adición, un montaje— que tiene Altazor y que no corresponde necesariamente a ningún proyecto sistemáticamente realizado.
     La posición de dominio es, sin embargo, aparente o al menos relativa al acontecimiento básico en la existencia del poeta, que es la caída. La caída es la imagen que alegoriza la condición humana. Desde ella —desde su velocidad natural, aminorada por un paracaídas que le permite la apariencia (fugaz) de dominio— despliega el espectáculo del fin del cristianismo, pero también o simultáneamente reconoce la condición trágica de su existencia condenada a la muerte, a su total desaparición.

Estoy solo parado en la punta del año que agoniza
El universo se rompe en olas a mis pies
Los planetas giran en torno a mi cabeza
Y me despeinan al pasar con el viento que desplazan      


     En este prefacio, Altazor es un personaje que difunde devoción, algo adolescente para sus treinta y tres años, habiendo nacido "el día de la muerte de Cristo", es liviano, se desplaza por el espacio estelar con total desenvoltura, como si éste fuera su ámbito familiar, el lugar de residencia. No se cree Dios porque es un Dios definitivo. O por lo menos tiene orígenes divinos.
     El poeta anuncia al comienzo del canto V que allí "(…) comienza el campo inexplorado/ redondo a causa de los ojos que lo miran/ y profundo a causa de mi propio corazón (…)" esto es limitado por el medio de percibirlo, pero conjuntamente advierte la metamorfosis en todos sus puntos. Y ésta inevitablemente viene a desembocar en un canto Vll.
     Entonces, el caer no es tan malo para Altazor, tener que caer, significa que algún día estuvo arriba. Y eso arroja más especulaciones que sólo se podrán aclarar al intrometernos en el viaje planeado por Vicente Huidobro.