Víctor Del Monte
De la guerra de Nicaragua todavía padece Costa Rica los miles de desplazados que desequilibraron la oferta laboral, y produjeron los primeros niños de la calle, los primeros mendigos, limpiaparabrisas, payasitos, traga fuego, y limosneros, porque hasta antes de la guerra en Nicaragua, Costa Rica no reflejaba ninguno de estos fenómenos, muy visibles en algunas ciudades de Chiapas, como San Cristóbal de Las Casas, Comitán, y Tuxtla Gutiérrez, donde se han refugiado miles de indígenas asediados por el EZLN, que en los primeros años del alzamiento armado los reclutaba a güevos, y aún más por el miedo a quedar atrapados en medio de dos fuegos, aunque los primeros y más grandes asentamientos humanos irregulares en esas ciudades tienen su origen en las expulsiones masivas de otra guerra –más silente, pero no menos beligerante ni menos violenta- que por años se ha librado en la región de los Altos de Chiapas, y en fechas más recientes en las regiones Sierra y Fronteriza: la guerra religiosa, que tiene que ver con el poder de los caciques priístas y la preeminencia, a como de lugar, de la religión católica, que pretende mantener su hegemonía a sangre y fuego, y destierra y despoja y priva de derechos a miles de indígenas en su afán de frenar el avance de otras religiones, principalmente cristianas evangélicas, más agresivas en su predica, más eficaces en eso de atraer feligresía, pero de eso nada dice el Centro de Derechos Humanos Fray Bartolomé de Las Casas, que calla, y al callar otorga y sirve de tapadera al clero católico, porque documentar esas violaciones a los derechos de cientos y quizá miles de evangélicos agraviados sería tanto como juzgar a quienes les dieron vida y les sigue dando sustento y cobertura, y acaso fondos, para su creciente activismo político encubierto en la presunta defensa de los Derechos Humanos, que está profusamente documentado, les sirve más bien de fachada para encubrir su verdadera misión que es la de subvertir el orden establecido, alentando movimientos subversivos, como el que en fecha reciente salió a la luz en un amplio documento elaborado por la Procuraduría General de Justicia del Estado (PGJE), que detalla la existencia de una muy bien estructurada y compartimentada red subversiva en los municipios de Las Margaritas, Frontera Comalapa, Nicolas Ruiz, Motozintla, Venustiano Carranza, al frente de la cual se hallan el párroco católico de Venustiano Carranza, José de Jesús Landín García, y el cura José Manuel Hurtado, del equipo diocesano en Ocosingo y Altamirano, además del Frente Nacional de Lucha por el Socialismo (FNLS) y el Centro de Derechos Humanos Fray Bartolomé de Las Casas, encargados de establecer los vínculos con la comunidad internacional.
Ya el periódico Reforma documentó el vinculo del líder histórico de la OCEZ, José María Hernández Martínez, mejor conocido como “Don Chema”, con bandas de traficantes de armas sorprendidas en Frontera Comalapa, donde la Procuraduría General de Justicia del Estado de Chiapas aseguró uno de los más grandes arsenales descubiertos en todo el país, hallándose fusiles AK-47, lanzagranadas, escopetas de diversos calibres, incluso un tanque de fabricación casera, que estaban destinados a esta red guerrillera que ha sentado sus reales en la región fronteriza, donde la Secretaría de la Defensa Nacional ha detectado que operan células de las Fuerzas Armadas Revolucionarias del Pueblo (FARP), el EPR y el ERPI, tres de los ocho grupo guerrilleros que alientan un estallido social en 2010 similar o de mayores proporciones al que encabezó, al frente del EZLN, el subcomandante Marcos, aquél 1 de enero de 1994, que por lo menos Diego Cadena Gordillo busca emular, como aquél 23 de septiembre de 1965, en la ciudad de Madera, cuando un grupo guerrillero y revolucionario comandado por Arturo Gámiz García y Pablo Gómez Ramírez intentó tomar por asalto el cuartel militar del ejército mexicano en Ciudad Madero, Chihuahua, y comenzar así una sublevación general que se extendería por todo México.
A eso se debe la airada respuesta del obispo Felipe Arizmendi Esquivel, que niega cualquier vínculo de la Diócesis de San Cristóbal de Las Casas con el movimiento guerrillero, aunque los órganos de inteligencia del país tengan testimonios grabados de las arengas publicas de los sacerdotes de Venustiano Carranza, José Jesús Landín García, y José Manuel Hurtado, del equipo diocesano en Ocosingo y Altamirano, donde de manera abierta convocan a su feligresía a la toma de las armas para el 2010, que es cuando se celebra el bicentenario de la Independencia de México y el centenario de la Revolución mexicana.
¿Se imaginan usted el manejo de imagen que el obispo Samuel Ruiz García le daría a un guerrillero de pelo largo y aindiado, como el director del Frayba, Diego Cadena Gordillo, que podría ser equiparado a Cristo, y a la vez a Quetzalcoatl?