Víctor Del Monte
Pura vida mae Retorné hará semana y media de Costa Rica y me ha costado trabajo asimilar Chiapas, mi tierra natal, contrario a lo que se podría pensar porque aquí como allá compartimos similitudes de climas y paisajes, pero por más que le busco no encuentro el paralelismo que me permita entender el por qué allá, una nación más pequeña que Chiapas (tiene 51.100 kilómetros cuadrados), se le ha dado en llamar la pequeña Suiza centroamericana, y por qué acá, en este terruño igual de hermoso o acaso aún más, se han enraizado pobreza y marginación, que además de causar dolor y lastima, irrita, sobre todo porque ancla cualquier posibilidad de que nuestra entidad despegue y florezca y se desarrolle y crezca y pueda así alcanzar mejores condiciones de desarrollo humano, como en esa pequeña nación llamada Costa Rica, donde no es que no exista desigualdad o injusticia, existe, pero su población y sobre todo sus dirigentes, y las instituciones, y los gobiernos, y los partidos políticos, y las Iglesias, saben aportar cada uno la parte que le corresponde en la construcción de un destino mejor para su pueblo, para construir un mejor país, más justo, con mejor calidad de vida para todos.
Para mi que los ticos son más propositivos y menos confrontativos, porque aquí, y lo digo de manera coloquial, cuando apenas he desempacado mi modesta mochila y para huir del sofocante calor de Tuxtla subo al clima templado de San Cristóbal de Las Casas y lo primero que veo es un campamento de miserable campesinos a un costado de la portentosa catedral, uno de los monumentos más visitados por los turistas que arriban a la ciudad colonial, con pancartas en las que reclaman la liberación de tres de sus dirigentes, y dejo que la pertinaz llovizna acaricie mi cara, para recordar San José, la capital tica, donde llueve casi a diario, y entonces me encamino hacia la plaza central y adquiero los diarios de la localidad para indagar qué sucede, y cual grande es mi sorpresa al encontrar que hoy como ayer, o como hace dos meses y medio que partí, continua en los diarios impresos el bizarro golpeteo mediático del Centro de Derechos Humanos Fray Bartolomé de Las Casas contra el gobernador Juan Sabines Guerrero, de quien he de decir, en Centroamérica se tiene una muy buena percepción, porque no solo ha procurado una nueva cultura en el tema migratorio, sino que ha extendido la mano para que los inmigrantes de esos países no padezcan más agravios en la Frontera Sur de México, y ha puesto a Chiapas a la vanguardia en la región en el tema de los bioenergéticos, al propiciar la instalación de una planta para la producción de biodiesel, la primera en su tipo en todo el istmo centroamericano.
No me queda más que pensar que en mi tierra, en mi adorado Chiapas, hay instituciones como el Centro de Derechos Humanos Fray Bartolomé de Las Casas, y aún la Iglesia católica, que le apuestan al deterioro del Estado democrático, para mantenerse vigentes, y aún más, para lucrar por su cuenta, y propiciar la anarquía en el entendido que así contribuyen a generar las condiciones subjetivas para un nuevo y más extendido levantamiento popular, una revuelta como la que escenificó el 1 de enero de 1994 el EZLN, porque ellos no han sabido adecuarse a la nueva agenda que rige la defensa de los Derechos Humanos, porque, hay que reiterarlo, los gobiernos autoritarios –como el del general Absalón Castellanos Domínguez, Patrocinio González Garrido, Roberto Albores Guillen y Pablo Salazar Mendiguchía- han sido acotados y ahora existe un sistema democrático de derecho, donde lo que se debe de propiciar es la maduración de la democracia no su deterioro, y aquí el Frayba resulta ser protagonista, y no el médico que diagnostica a la sociedad las enfermedades que tiene, ayudando al gobierno sus incongruencias y debilidades, pero antes debe erradicar la distorsionada percepción que tiene de la defensa de los Derechos Humanos y abocarse a la defensa del estado democrático, que es aquél donde no se cometen abusos, pero si se cometen, como puede llegar a suceder, se resuelvan en los tribunales, usando el andamiaje legal que se ha logrado construir a lo largo de todos estos años de difícil tránsito a la democracia.
El fracaso del Centro de Derechos Humanos Fray Bartolomé de Las Casas es más que evidente en la defensa del caso Acteal, donde fue derrotado jurídicamente, y más recientemente, en el caso de Jotolá, donde también sufrió un duro revés, todo porque antepone la protesta política y el golpeteo mediático al argumento legal y el juicio jurídico.