Víctor Del Monte
El Frayba es megalómano Cuando se lee un reporte del Centro de Derechos Humanos Fray Bartolomé de Las Casas uno se queda con la sensación de que el gobierno de Chiapas mantiene una política de persecución y exterminio en los pueblos indígenas, que criminaliza la defensa de los Derechos Humanos, que persigue y encarcela a los luchadores sociales, que tiene bajo asedio las tierras y territorios de las comunidades indígenas para cederlas o enajenarlas al gran capital, nacional o extranjero, que tiene planes de expansión imperial en esta entidad del sureste mexicano, con megaproyectos ecoturísticos ahí donde escurre un arroyito o brota un manantial, donde vuela un quetzal o crece una planta exótica, para extraer la sabia de sus recursos naturales, del suelo o el subsuelo; pero cuando abrimos los ojos y contrastamos estas referencias maximalistas con la realidad, nos encontramos con que el mapa de conflictividad en Chiapas y el desgarramiento de las comunidades indígenas se da, principalmente, por pugnas intestinas que buscan la hegemonía política o religiosa, entre zapatistas y no zapatistas, entre evangélicos y católicos tradicionalistas, entre priístas y perredistas, para imponer su muy particular visión del mundo, de acuerdo a su credo o a sus intereses particulares o de grupo, casi siempre con la pretensión de expandir su fe religiosa o su dogma político, de poder económico dentro de una comunidad o una región, casi siempre por la vía del hecho, por la acción de la fuerza, la destrucción de sus cultivos, la quema de sus viviendas, del despojo, la expulsión o el destierro, la lapidación o el linchamiento multitudinario, y contra lo que dibuja el Centro de Derechos Humanos Fray Bartolomé de Las Casas, la mano del gobierno solo se puede ver cuando interviene para evitar que los conflictos y pugnas intracomunitarias se desborden, y causen inestabilidad social y política, para encauzar las controversias por el sendero de la ley y el orden, privilegiando el diálogo y la negociación, contrario a lo que el Frayba difunde en sus comunicados megalómanos, que más que una realidad reflejan la inmadurez de una organización civil que no ha sabido adaptarse a los cambios políticos y sociales que se han generado en Chiapas, porque para quién más que para el Frayba Chiapas sigue siendo un estado en guerra, solo que de baja intensidad, porque una de las partes, el EZLN, depuso las armas y optó por construir la autonomía indígena desde abajo, y la otra parte, el Ejército mexicano, mantiene su posición guerreristas (“contrainsurgente”, sostiene el Frayba), de exterminio, entrenando y armando a grupos de civiles (“paramilitares”, dicen ellos) dispuestos a matar o morir en esa guerra soterrada que solo el Frayba vive, que solo el Frayba registra, como lo hace cuando denuncia presuntas amenazas a las tierras y territorios de las comunidades indígenas, las cuales ponen en riesgo su supervivencia como Pueblos, como refiere en la revista Yorail Maya, una edición trimestral abril-mayo-junio de 2009. Veamos: “En los últimos años, hemos visto una escalada de violencia del gobierno mexicano en contra de pobladores indígenas en resistencia y en defensa del territorio de la región de Agua Azul municipio de Chilón, en donde se disputan dos proyectos:
1) el del Estado vinculado a los intereses del capitalismo, que pretende la explotación de los recursos y los territorios y 2) el proyecto de vida de los pueblos indígenas que organizadamente defienden y construyen otra manera de relación en su entorno”.
Ese es el discurso del Frayba, que parece construirse sus propios fantasmas, para cual Quijote pelear contra molinos de viento.
2) En el ejido San Sebastián Bachajón prevalece un conflicto sobre el control territorial por par-te del gobierno federal y estatal a través de las diferentes corporaciones policíacas, así como la instrumentalización de miembros de la Organización para la Defensa de los Dere-chos Indígenas y Campesinos (OPDDIC) e integrantes del Partido Revolucionario Insti-tucional (PRI) para confrontar a los ejidata-rios adherentes a La Otra Campaña del eji-do San Sebastián Bachajón, quienes son parte del movimiento indígena que se con-trapone a los planes neoliberales de despo-jo del territorio y depredación de los recur-sos naturales. La región de Agua Azul ha sido por muchos años zona turística cuyas cuantiosas utilidades son aprovechadas por intereses ajenos al pueblo tseltal de Bachajón. Basta este botón de muestra para descubrir la megalomanía del Fyayba, porque todos los chiapanecos sabemos que quienes disfrutan los beneficios del este centro ecoturístico son los propis campesinos, que colectan más de un millón de pesos anuales en el cobro de peaje para ingresar al balneario de Agua Azul, tratándose de un Parque Nacional, pero que además son ellos también quienes gozan del usufructo de restaurantes y tiendas de artesanías instalados en el balneario.
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