|
Fausto Carámbura* Segunda de tres partes
La suficiente astucia de la experiencia poética es precisamente cambiar de naturaleza o regresar a nuestro entorno natural. Se encubre de la vida profana y prosaica, pero de pronto, recordamos nuestra identidad; ese algo que nos define y nos recuerda que somos “otros” y no ya los mismos. Sócrates regresó a ser él mismo a partir de su abatimiento; representó a la filosofía ante la búsqueda permanente del sentido y no ante la búsqueda del quehacer del sentido. La filosofía vence en el conocimiento porque conquista algo verdadero e independiente de todas las cosas comunes.
En todo caso, Sócrates con su misterioso demonio interior y su clara muerte (…) parece sugerir en un pensar puro, sin mezcla poética alguna (…) Y lo que pudiera ser una “pura” filosofía no contaba aún con fuerzas suficientes para abordar los temas más decisivos que a un hombre, alerta a su tiempo se le presentaban. (3)
La poesía en un principio se reconoce con el adjetivo de rebelde, puesto que muestra verdades al mundo que no son del todo convenientes, por tanto la poesía era la terrible indiscreta.
La filosofía y la poesía son las dos formas de la palabra, y el conflicto entre ambas surge por la necesidad de saber cuál de las dos es la más importante, cuál la más necesaria para la expresión de la razón del ser humano, la más antigua, sin embargo, María Zambrano despliega ambas corrientes como dos mitades del hombre que se unen, es el amor y a la vez el odio, porque están en un enfrentamiento constante. Intentan anunciar algo que desgarra la verdad del hombre común, porque advierte ser la totalidad del individuo.
El filósofo y el poeta están de alguna forma presos por la situación que se les presenta a diario en forma de delirio, asombro o realidad, para liberarse de ella escogen caminos distintos, sin distanciarse nunca de la palabra. El filósofo sale de esta prisión por medio de la búsqueda de la verdad, y la poesía es una liberación continua de verdades, por medio de la donación de sus ser logra emanciparse y encontrar la razón de su ser. La filosofía encuentra el camino de la liberación por medio de la violencia, tiene un deseo de desprenderse de lo sagrado develando lo divino, pretende rescatarse de la realidad, elevarse por encima de ella, por esta razón le llama Zambrano un éxtasis fracasado por un desgarramiento. La filosofía lleva, como corona y a la conciencia, ese desgarramiento del alma. Ambas en esencia y sustancia pretender ser un compromiso. La Filosofía porque aborda tratados: el qué se dice, y la poesía porque indaga a través de la duda en el conocimiento y porqué actúa a partir de la experiencia (filosófica). Por ejemplo, los poetas malditos, no son una creación del romanticismo: son el fruto de una sociedad que expulsa aquello que no puede asimilar. La poesía no ilumina ni divierte al burgués. Por eso destierra al poeta y lo transforma en un parasito o en un vagabundo. De ahí también que la poesía no viva por primera vez en la historia de su trabajo. Su labor no vale nada porque se traduce en un “no ganar”. La sola idea de pensar en la poesía remite a varios canales de pensamiento, todo ortodoxos o inadmisibles, debido a que, es la poesía la que únicamente puede nombrar estados puros, más no puede crear a partir de algo que ya está dicho. Un poeta aborda temas insonoros para darle sonoridad. El nombre “poesía” no es más que una invención para ejercer el derecho que le corresponde: el de crear, transformar y a la vez nombrar ¿Y la filosofía no se encarga pues de indagar metódicamente el quehacer de las cosas? Su función se instala en el orbe de la creación. En el orden está el conocimiento, por ende se quiere encontrar lo que ya se posee. Se trata de diversificar un conocimiento afanoso pues llegar a la fundamentación del conocimiento es como evidenciar lo que pretende saberse.
María Antonia González Valerio en el ensayo Filosofía y poesía en el pensamiento de María Zambrano explica: A partir del enfrentamiento y entrecruzamiento entre filosofía y poesía es posible relatar, interpretar, la historia del pensamiento occidental. María Zambrano ensaya en Filosofía y poesía otro punto de partida distinto al tradicional para contar esta historia: la relación entre filosofía y poesía; experimenta la posibilidad de que la vida humana se dé, se desenvuelva, entre el filósofo y el poeta. El filósofo, porque representa al hombre en su historia universal; el poeta, porque personifica al hombre individual. La vida humana se desenvuelve, entonces, entre universalidad e individualidad; entre la historia universal que cargamos, que llevamos a cuestas, y la propia, que fraguamos a cada paso; entre el encuentro gratuito que es la poesía y la búsqueda esforzada y violentada por el método que es la filosofía; entre la luz y la tiniebla; entre el ascenso y el descenso. (4) Filosofía y Poesía, no son dos caminos distintos, sino divergentes. Ambos caminan al margen de la expectativa del hombre, sin embargo, cada una tiene un enfoque radical. María Antonia González expresa la relación de estás dos corrientes con la realidad, con un enfrentamiento con la realidad que cada vez se hace más evidente. La batalla comienza cuando la palabra emerge. De ahí es de donde parte los modos distintos de nombrar. La palabra surge a partir de una develación y posteriormente a partir de una revelación constante con esa realidad que identifica al hombre… uno sólo, porque todo para él es un misterio y a partir de ese desconocimiento total por lo que le rodea, realiza el trabajo que le corresponde: el nombrar. María Zambrano afirma que nosotros hemos inventado la realidad, la hemos encontrado con nuestra vida y con nuestra experiencia porque la realidad es un padecer que nos llega arrolladoramente y a la cual nos encontramos nos enfrentamos temerosos, angustiados, horrorizados porque estamos de un modo irremediable.
El problema de la filosofía y la poesía, no es plantear cuál es mejor, sino desarrollar por sí solas un entendimiento verbal, con el hombre y la realidad. Ambas adquieren un impacto de búsqueda y donación. Búsqueda por la filosofía, en ella se obtiene el conocimiento a través de indagaciones. Donación porque en el hombre existe el invencible deseo de desentrañar lo que cree conocer, a través de esa búsqueda, por la experiencia o por intuición. Poesía y Filosofía son una obra, una corriente, un ser. En ambas encontramos esencias y presencias, más no evidencias de que algo por fin se ha realizado. El conocimiento es inmanente de lo real pero no de la realidad. A partir de que “algo” por fin se ha realizado comienza a ser aún más real y puede abarcar la totalidad con la realidad. Ambas obtienen un camino adverso… paralelo, sin embargo, siempre queda en el aire su punto de encuentro. Dos ejes entonces se vuelven vértices.
Durante miles de años el hombre en la tierra ha creado y buscado la poesía con el anhelo de sentirse aún más vivo, pero está búsqueda lo ha llevado a sentirse más solo y más vacío, ya que de la poesía no se habla lo que es porque nadie sabe. Podemos saber qué es la Poesía pero estar incapacitados para definirla como tal. Podemos saber qué es la Filosofía pero no estar al margen de las expectativas de su origen. Sería arriesgado expresar con palabras una inefabilidad existente, algo que como corriente ha pasado de lo invisible a lo cierto y verdadero, algo que ha sido resultado de la actividad de un artista individual o de la representación de un espíritu colectivo, del cual por otra parte, el artista es el origen.
|