Víctor Del Monte
Mentir y manipular, la estrategia del Frayba Si el indígena Francisco Jiménez Vicente se entregó de manera voluntaria o fue aprehendido por la Fiscalía Indígena de la Procuraduría General de Justicia del Estado de Chiapas (PGJE), allá en San Cristóbal de Las Casas, autoinculpándose en la muerte de Aurelio Díaz Hernández, el 21 de julio pasado, qué pretexto puede aducir ahora el Centro de Derechos Humanos Fray Bartolomé de Las Casas para evadir la Mesa de Diálogo a la que ha sido convocado, como mediador, para destrabar el conflicto de Mitzitón, que continúa generando inestabilidad social y política, por la reyerta entre católicos tradicionalistas adherentes a “La otra campaña” y evangélicos de diversas congregaciones, entre ellas la que dirige el pastor Esdras Alonso, de Alas de Águila, de la que se deriva el autoproclamado Ejército de Dios, que puede ser todo, apocalípticos, bíblicos, fanáticos irredentos, pero menos un grupo paramilitar, como pretenden presentarlos quienes como el Centro de Derechos Humanos Fray Bartolomé de Las Casas y el EZLN gustan de distorsionar la realidad etiquetando todo lo que a ellos se opone o no concuerda políticamente como “paramilitares” o lo que es lo mismo, como grupos de civiles armados y entrenados por el Estado mexicano, es una supuesta “guerra de baja intensidad” que solo ellos ven y viven, porque en todo el territorio chiapaneco, incluso en lo que antes se denominó “zona de conflicto”, ha retornado la calma, la cotidianidad, sin que esto quiera decir, por supuesto, que desaparecieron las causas que generaron el alzamiento armado, como la marginación y la extrema pobreza, porque entonces sería mentir y manipular la verdad como lo hace el Centro de Derechos Humanos Fray Bartolomé de Las Casas, al parecer muy preocupado porque no se resuelvan los conflictos sociales que surgen de manera recurrente en algunas regiones, por cierto muy focalizadas, menos por la vía del diálogo, de la concertación, porque entonces qué les quedaría a ellos como bandera de lucha, como estandarte para exhibir ante sus donantes internacionales, porque el negocio se acaba, y ya no se puede lucrar con el dolor del pueblo, con la miseria de los indígenas, que hay que decirlo se tiene que ser atacada de raíz, atendiendo las causas estructurales que originan esa desigualdad aberrante, esa ignominia, porque de qué sirve que el Centro de Derechos Humanos Fray Bartolomé de Las Casas acompañe la lucha del pueblo oprimido si las carretadas de dinero que llegan del extranjero a las denominadas ONGs se esfuman en gastos de representación, en pago de oficinas, lujosos vehículos, y elevados salarios, muchas veces pagados en dólares, si a la fecha no puedan exhibir ante propios y extraños un solo ejemplo de que su intervención ha servido para algo, por lo menos para mejorar la vida de un conglomerado humano especifico, por pequeño e insignificante que éste sea, ni en la selva Lacandona, ni en la zona norte, ni en la región de los Altos de Chiapas, que es donde por lo menos ha enfocado su accionar el Centro de Derechos Humanos Fray Bartolomé de Las Casas desde que se fundó, en 1989, por iniciativa de Samuel Ruiz García, obispo emerito de la Diócesis de San Cristóbal de Las Casas, supuestamente con una inspiración cristiana y ecuménica, sin que esto último se lleve a la práctica, porque baste ver el conflicto entre católicos y evangélicos en Mitzitón para comprender que el ecumenismo del Frayba es solo un enunciado sin sustento, por no decir letra muerta, porque el verdadero ecumenismo infiere la advocación de un mayor sentido de espiritualidad compartida entre las tres religiones abrahámicas: Judaísmo, Cristianismo e Islam, y que en un significado más específico hace referencia a una cooperación mayor entre las diferentes denominaciones religiosas de una sola de estas confesiones, pero no es el caso, porque quedó demostrado en Mitzitón que el pueblo evangélico es visto no solo como adversario político sino como enemigo del movimiento que ellos encarnan, que ellos encabezan, y que tiene que ver con la “liberación” de territorios, que una vez bajo la egida del EZLN, son declarados autónomos, y por tanto al amparo de la denomina a Ley Cocopa, bajo cuyo escudo buscan hacer imperar la denominada ley revolucionaria, por encima de las leyes vigentes, de la propia Constitución General de la República, y que una vez que ha sido instaurada no admite disenso, y que excluye, estigmatiza y destierra a quienes no se sujetan al mando de su estructura político-militar, que gobierna, dicen ellos que “obedeciendo” las comunidades bajo su control, como ya sucede en las regiones donde el EZLN tiene presencia, donde el EZLN es gobierno, donde el EZLN tiene el control político, social y territorial, el mando, como pretende ahora hacer en Mitzitón, con el aval, el escudo, del Centro de Derechos Humanos Fray Bartolomé de Las Casas.
Por eso, como dije en mi entrega anterior, el conflicto intracomunitario de Mitzitón desenmascaró al Centro de Derechos Humanos Fray Bartolomé de Las Casas, y lo que es más dejó en evidencia al abogado Diego Cadena Gordillo: es intransigente, manipula a los ejidatarios católicos tradicionalistas adherentes a “La otra campaña”, no ha tenido ni tiene voluntad de diálogo, de solucionar el diferendo que ellos mismos se han encargado de fermentar, no de ahora, sino desde hace 10 años, en una confrontación que ellos mismos avivan, sin importarles quién pone los muertos y los heridos, si los católicos o los evangélicos, porque la violencia intracomunitaria no los alcanza en sus confortables oficinas de la colonial San Cristóbal de Las Casas.