Víctor Del Monte
Los avances en la democratización de Chiapas son innegables, como innegable es la lucha del pueblo en la transformación de las estructuras políticas, económicas y sociales de la entidad, tanto por las comunidades indígenas zapatistas y las no zapatistas, como por las organizaciones sociales y no gubernamentales, el magisterio y los partidos políticos, los diversos actores que han hecho posible, le disguste a quien le disguste, la transformación que ha vivido Chiapas en los últimos 25 años.
No es lo mismo el Chiapas de ahora que el que prevalecía hace apenas dos décadas, y hablo en todos los ordenes de la vida social y política en nuestra entidad, como no es lo mismo leer hoy al maestro Antonio García de León, y su Resistencia y Utopía, porque el Chiapas que él describe al que podemos apreciar hoy día, es notable que ha registrado cambios sustanciales en todos los ordenes, aunque algunas estructuras, sobre todo del poder político, el que ejerce la denominada sociedad del poder, permanezca casi intacta y se siga reproduciendo, quizá como rémora del pasado que se resiste a morir, tal vez por la incapacidad misma de las fuerzas políticas emergentes que no han sido capaces de cohesionarse lo suficiente para desplazar a los linajes familiares que se han alternado el poder desde la colonia.
Por eso extraña de sobremanera la postura del Centro de Derechos Humanos Fray Bartolomé de Las Casas, intransigente, contreras, o como dice el Secretario General del Gobierno de Chiapas, el doctor Noé Castañón León, “víboras con piel de cordero, que laman a la paz y subterráneamente alientan violencia”, porque no es posible que soslaye los avances que se han registrado en Chiapas, y que no es lo mismo el hoy con el ayer, y que quizá lo que pase es que el Frayba no ha sabido adaptarse a la nueva realidad social y política que se vive en Chiapas y continúa con su viejo discurso radical, de oposición política, de descalificación mediática, cuando debiera asumir su responsabilidad propositiva, como lo han asumido otras fuerzas sociales y políticas del estado, incluyendo obvio está a la oposición, para democratizar al estado y combatir las injusticias, la pobreza, la marginación, el respeto a los derechos humanos, conseguir para todos y todas la igualdad, la salud, educación, vivienda, tierra, trabajo, mejores precios de los productos agrícolas, contra el caciquismo, la discriminación y el abuso de poder, pero partiendo de la base de que el gobierno que hoy administra el estado no es el mismo del que encabezó el general Absalón Castellanos Domínguez, ni el de Patrocinio González Garrido, y que tampoco se parece al de Pablo Salazar Mendiguchía, que es el que le antecedió, sin dejar de reconocer, claro está, que la llegada de Pablo Salazar Mendiguchía a la gubernatura, con todo lo autoritario que pudo ser en su administración, representa un acontecimiento histórico, porque significó poner término, por la vía electoral y de manera pacífica y civil, al régimen de partido de Estado, al PRI, que se había servido a la oligarquía local para perpetuarse en el poder de manera ininterrumpida, y así es como se avanza sustancialmente hacia el respeto cada vez más notable de la voluntad ciudadana expresada en los comicios, aunque está haya sido traicionada por el propio Pablo Salazar Mendiguchía, quien dejó a un lado la oportunidad histórica de transformar estructuralmente a Chiapas y abusó del poder y se enriqueció a más no poder.
Pero no por eso se puede dejar de reconocer que las elecciones en las que gana la gubernatura marcan el inicio de un nuevo período, el que ahora toca dirigir a Juan Sabines Guerrero, que sí bien venía de militar en el PRI, al igual que Pablo Salazar Mendiguchía, ha marcado su raya y gobierna bajo estándares internacionales, que son supervisados por organismos de talla internacional, como el Alto Comisionado de los Derechos Humanos de la ONO o el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), al que ha supeditado toda su política social, algo el centro de Derechos Humanos no puede obviar, soslayar e ignorar, porque no se puede dejar de lado este hecho histórico, porque se tiene que aceptar que el propio ascenso de Juan Sabines Guerrero a la gubernatura de Chiapas es el resultado también del esfuerzo y sacrificio de cientos de miles de mujeres y hombres que, durante décadas y múltiples formas, han luchado por la democracia, la justicia, la independencia y la libertad desde el movimiento progresista y de izquierda.
¿por qué el Frayba se niega a ponderar esto? ¿Qué busca? ¿A dónde quiere llegar? ¿Será que es al Frayba al que el doctor Noé Castañón León dirige su mensaje cuando dice:“La verdadera fe no convoca a la violencia o a una resistencia civil absurda, sin sustento. La verdadera fe, convoca a la paz, al perdón, a la caridad y a la esperanza”?