Víctor Del Monte
Retorné de Acteal con el Jesús en la boca.¿De dónde sacará el Centro de Derechos Humanos Fray Bartolomé de Las Casas que en las altas montaña de Chenalhó puede resurgir la violencia? Hay marginación y pobreza por toda la zona, de eso no cabe la menor duda; pero no hay señal de que ésta vaya a provocar una revuelta armada, como la que sorprendió al mundo el 1 de enero de 199. La presencia del Ejército y aún de la Seguridad Pública es discreta, y no existen retenes en el camino como cuando el EZLN abrió aquí un frente de guerra, que culminó en la masacre de 45 indígenas en Acteal. Luego todo fue reclamos, marchas, plantones, ayunos, oraciones, duelo, repicar de campanas. Hay más agitación política en San Cristóbal de Las Casas, por el hostigamiento a los artesanos, comerciantes y prestadores de servicios turísticos de las Grutas de Rancho Nuevo, y resulta más explosivo el conflicto intracomunitario de Mitzitón, que la región de Acteal; y genera más ruido mediático la marcha que emprenderán los excarcelados por la Suprema Corte de Justicia de la Nación, que la peregrinación que realizó una de las dos fracciones de Las Abejas, la de Yibeljoj, que dejaron la resistencia inútil del EZLN y han comenzado a recibir programas y apoyos del gobierno, porque sus afiliados necesitan seguir adelante, en la dura tarea de sobrevivir como mejor puedan, para fortalecer su organización, reactivar sus proyectos productivos, y remontar la marginación y la pobreza, que en los Altos de Chiapas alcanza niveles superlativos, que se traducen en muerte materna, en desnutrición infantil, en oncocercosis, en leishmaniosis, en disentería. ¿A quiénes conviene que las condiciones de desigualdad e injustica que se vive en Estado prevalezcan? Dura resulta la vida de los indígenas en las altas montañas de Chenalhó, donde aún se ven bosques de pino y encino en buen estado, y donde pareciera que se vive fuera del tiempo, porque en el camino que conduce de San Cristóbal a Acteal, es posible apreciar a hombres y mujeres y aún niños en un trajín cotidiano que nada tiene que ver con la vida moderna, que conocemos los hombres, mujeres y niños de ciudad: acarrean agua desde lugares distantes en recipientes de plástico que simulan sus antiguos tarros de barro, para cubrir así una carencia; cargan sobre sus espaldas grandes tercios de leña, sujetos por mecapales sujetos por sus cabezas; usan bestias, como caballos y mulos, para trasladarse de un lado a otro, los más afortunados, porque la mayoría camina por entre las veredas y los acahuales, para extraer leña, y en algunos parajes cercanos a la carretera se pueden observar a algunas personas ocupadas tejiendo cestas y canastos de varas de carrizo, que seguro se mercan en el mercado de San Cristóbal; y por el trayecto, en la parte del municipio de Chamula que alcanza la frontera con Chenalhó,es común hallar a mujeres hilvanando lana o tejiendo su vestimenta con telares que atan a la cintura, con tal parsimonia, que los malos augurios del Frayba parecen una broma de mal gusto, sobre todo cuando exaltan de tal modo el fantasma de la violencia, porque la única violencia que se logra ver en la vera del camino a Acteal, es la de algunos indígena beodos por ingerir en demasía aguardiente de caña, que ellos llaman posh, y que fabrican en toneles de manera casera, con un sistema muy arcaico de destilación que resulta muy efectivo, aunque altamente peligroso para la ingesta humana, por el elevado grado de pureza del alcohol que extraen de la panela de caña de azúcar fermentada por acidificación.
¿De dónde saca entonces el Frayba que en esta región puede resurgir la violencia? La población tiene carencias, y muchas; la huella de la migración está por doquier; muchos han de ser los que han buscado la frontera norte, en busca del sueño americano, que hasta hace unos 15 años solo era parte de la vida de los centroamericanos; hay parajes donde solo hay mujeres y niños, pero los que se quedaron, parece más entretenida en las labores propias de la sobrevivencia, que en la agitación social y política. Todo parece indicar que la amenaza de la violencia, de la revuelta armada, solo existe en la mente calenturienta de algunos intelectuales de café, de algunos hippies trasnochados que han encontrado muy cómodo espantar con el petate del muerto, azuzando a los aborígenes a la confrontación entre hermanos, como sucede en Mitzitón, como acontece en Acteal, en Jetja, entre evangélicos y católicos, entre presuntos “paramilitares” y “pacifistas”, entre orcaos y zapatistas, de manera respectiva, Eso es más evidente cuando desciendo de las altas montañas de Chenalhó y reviso la prensa, en la plaza central de San Cristóbal de Las Casas, donde parece que ha llamado más la atención la marcha a la ciudad de México de los seguidores de Anzaldo Meneses y Juanita Palomares, quienes ahora resulta que son “los motores” de la liberación de los “paramilitares”, como llaman Las Abejas de Yibeljob a los 20 indígenas liberados por la Suprema Corte de Justicia de la Nación, así como resulta que para los ex desplazados de Acteal, Xoyep y don Bosco, los responsables que debieran ser enjuiciados por la matanza de 45 “católicos pacifistas”, son el expresidente Ernesto Zedillo, el ex gobernador julio César Ruiz Ferro; el ex secretario de Gobernación, Emilio Chuayffet, así como el ex procurador General de la República, Jorge Madrazo Cuéllar.
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