Rayuela Semanario Cultural
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Escrito por Pendulo
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sábado, 09 de mayo de 2009 |
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Fernando Amaya
I
dona eis réquiem sempiternam
Lo mejor de él es su baile fársico que pocos conocen por no haber pisado el andén de los espejos ustorios del mar y traje estos mudos alcatraces señor son mi proverbio por la tarde iremos a buscar todas las haches que no la llevan jota ka la felicidad no es facilidad También la entropía va con cortarse el cabello masturbarse el bigote pero cualquier ocurrencia no riñe vamos con los rescoldos de buen cran el mar es una gran bañera para echar dos barquitos de papel y sendos la imaginación que más da no es obligatoria asumo esta botarga para no escribir a lo que me obligara el título de este concepto usted mejor que yo sabe II En estos días Diana se fue de casa, cierto, con nuestra anuencia, pero se fue de casa. Su risa de armónico sobre el segundo grado de sol, ya no es frecuente aquí. Veintidós años duraderos y constantes, hoy abren un receso a voluntad y a mi esto, déjenme decirlo, me puede. Diana es la niña que yo prefiero, algo así como la cómplice de mi ternura, una dulce abejita portadora de mieles y fantasía. Se fue, y en esta casa hay una ausencia que cuesta trabajo disimular. los corazones de mis otros dos retoños, palian lo que pudiera ser una gresca con el ánimo, pero de todos modos, la ausencia. Diana emprende el camino, entonces por su cuenta y yo aquí muy pendiente para salir al paso cuando las circunstancias lo requieran. Ella misma me enseñó a entender estas cosas y siempre fue y será mi barquilla de auxilio cuando arrecie la tormenta. Con ella aprendí a nominar las cosas de diferente manera, aprendí que el cielo puede ser el petate del sol, por ejemplo y que la luna camina sin descanso para que dure la noche. pero sobre todo para mi fue primordial el sol benigno de su compañía. Por eso yo le decía "Compañerita" para decirle hija, hermana, amiga... Disculpa, Añorve, es también tu página, carajo... carajo. III En realidad para conocer Costa Chica, hay que conocer a Bucho Noyola, Macario Luviano, Morga el armonista de los diablos quizadeños, Esteban Bernal y, aunque usted no lo crea, a Tony Camargo y a Mongo Santamaría. Eso aprendí yo en las entradas propicias de Afromexicanos. El concepto de nuestra identidad ligado a la cultura universal, la inclusión como insignia, en un medio donde a veces se confunden abolir con discriminar o segregar con liberar. Entes de razón se hacen llamar los entendidos, y reclamantes del derecho quienes reivindican negritudes e indianidades, desde posturas cómodas, o más bien desde imposturas. Y llegaban a las canchas de Afromexicanos a colgar sus banderas impertinentes, sin una excusa para el casero. Pero eso ya es historia. Nuestro amigo dilecto Beñiga Añorve Matatoro, opto por armarse un tapanco, para resguardar sus florestas y sus marismas, una armónica, un bote y una charrasca, para seguir azuzando a los diablos de la sobrevivencia. No deja de ser un acto generoso, inteligente, razonable. Nada mejor que un tapanco para husmear los territorios de nuestros afectos, sin legalismos, imposturas y arrebatos místicos de shopping y tabledance. Lo que se quiere se vive, se lucha, se milita, los aspavientos solo se sustentan en la teoría de la desgracia. Por último, también a mi me satisface ser afroindio o yope, no hay mejor condición para aquel que se empeña, desde el yo, en un reconocimiento de sus valores culturales, de la mano con César Vallejo, Nicolás Guillén, Derek Wallcot, Rosario Castellanos, Agustín Barrios Mangoré, Gabriela Mistral, Cresencio Salcedo, Benny Moré, Juan Rulfo, solo por citar a algunos y algunas, imprescindibles a la hora de pulsar el rumbo sobre la cartografía extensa de nuestros valores fundamentales. Como ven este es el tercero y último, no adiós, sino bienvenida a una etapa que seguirá marcada por el aprecio, la disposición y la voluntad. Pasen, están en su casa. ¿Una agüita? ¿Ya almorzaron? |
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sábado, 09 de mayo de 2009 |
Javier Pulido Luna
Primer telegrama abierto
Cuando salí de la ciudad de México, ¡válgame dios!, me dolían los ojitos (donde pesaba el sueño), y la espalda (donde pesaba la maleta). Siempre he querido creer que ese dilatado ránsito de la ciudad a mi pueblo, y su reverso, es la necesaria purificación que me da licencia para pisar tierra prometida. Sufrida purificación: en el camión viajaron dos niños de reciente estreno en el mundo. Nadie ignora que entre los afanes de estos especímenes se cuenta el llanto, curioso fenómeno que suele impedir del sueño. Llegué dolido de ojitos, espaldas y conciencia (guiño). Ahora convalezco del feroz ataque del coco (del estafilococo). Al fondo de mi garganta duerme un caballo… con tos.
Segundo telegrama abierto
Como gato panza arriba: únicamente esa especie de ferocidad que manifiesta un felino en decúbito supino puede hacer frente al estafilococo. Gracias a eso y a los medicamentos que me suministra mi madrecita (con maestría en el cuidado del niño con calentura) el mentado coco (cuya madre también ha sido mentada varias veces) no ha podido impedirme coordinar los preparativos del banquete del veinticuatro. En semejantes circunstancias, la señora que ve mis calificaciones ha demostrado capacidad para combinar el maternal combate al extraño enemigo que profanó mis anginas, y la ejecución de mi plan para una cena. La improvisación sigue dominando nuestro gastronómico escenario. Por eso el perejil y el cilantro picados por este indocto redactor terminaron, gracias al ingenio de mi hermano el mayorcito, adornando el puré de papa. El éxito de nuestro menú es, no obstante, incuestionable: mi cuñada pidió el espagueti para llevar.
Tercer telegrama abierto
Mi abuelo y nuestro señor Don Quijote eran de la misma opinión: no se llora ni con las tripas de fuera. Pero ya no hay hidalgo que nos deshaga los entuertos, abuelo, y hasta usted les mentaría toda la madre a todos esos inverosímiles necios, infelices sinvergüenzas que no saben celebrar la vida. Y seguimos, por consejo de Juan José Arreola, creyendo en la belleza. No seremos grandes potentados, pero asistimos al cumple de Bonifaz Nuño y a las clases de literatura iberoamericana; nos fregará la crisis, pero conocimos el mar de Veracruz y caminamos por Guadalajara, nos enamoramos de una mezzosoprano en pleno Réquiem de Mozart y en alguna puerta, mucho antes de vislumbrar la dicha, presentimos el placer de merecer. Habrá quien bien merezca eterna lluvia de zapatos. A los hombres de buena voluntad, no obstante, a quienes con serenidad y vehemencia celebran vida, nada les quitará lo bailado. |
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sábado, 09 de mayo de 2009 |
Fabián Rivera
2
Cuenta el poeta que, siendo de joven veinticuatro, tuvo a bien tomarse unas cervezas con la banda y de ello surgió que, pasado de copas, tuviera que pedir fiado con el dueño del lugar. Sin mayor remedio, sin trabajo, fue de lloriqueos con su madre y requirió unos centavos, a lo que ésta respondió severa: "Te doy veinte centavos, pero me devuelves el cambio. Luego te lo quedas y qué hago", a lo que poeta, con una sonrisa agridulce, respondió que bien sabía que aquella porción de plata sólo era justa para pagar su juerga y no otra cosa, y decidió dar fin a sus andanzas: preferible mucho antes pedir fiado a pedir una limosna. 3
Sentado y meditoso, con un cigarro grande, elemental como el humo que desprende aquella hoja que está a punto de ser arrebatada de su blanca faz, casi de virgen, el poeta cuenta que durante sus últimos días de universitario, preso de tareas más jugosas que los académicos deberes, tuvo a bien disponer de su talento y ejecutar en cuatro horas la titánica tarea de escribir los ensayos necesarios para aprobar la materia que versaba en copiosas biografías de autores cuyo estilo bien se había rebasado. El Queridísimo (nombre que adoptó de las multitudes que lo aclaman), vistió su ahora legendaria bermuda y su playera “Libais”, traída de las tierras de comercio de chapines y extranjeros aledaños. Bien sabía que sus métodos, que a ortodoxia no aspiraban, terminarían en rutina: con la “compu” a solas, con la mano en la entrepierna, halló no sabe cuánto placer en la pantalla y, ¡Oh prodigio de costumbre!, alternó su verbo hecho de vértigo y de fuego con las hembras de la Red, cercanas cual ninguna, tantas veces añoradas, utilizadas sin rencor alguno en tanto los deberes le apretaban el pescuezo: "Es la única forma que encuentro para que el amor sobreviva en estos tiempos. La fuente del placer está dentro de ti, lector, y no lo sabes." |
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sábado, 09 de mayo de 2009 |
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Sllenii Sánchez Gabriel Plantea Balzac que la revolución, minando los baluartes de la autoridad, cortó la cabeza de la familia, y la familia es planteada por él como la base de toda sociedad, y el problema radicó en que la familia desapareció para dar paso a los individuos. Entonces el desorden se tornó tan grave, que era difícil esperar que algo bueno sucediera. La soledad en la que se encuentran los personajes ante el suicidio, no es coincidencia entre sus novelas. Cada uno de ellos se encuentra al borde de la muerte por desesperanza, por derrota económica o moral, pero siempre encontrarán a otro personaje que funciona más bien como antihéroe mostrando una salida que se muestra como fácil y prodigiosa, pero que en realidad esconde secretos. Raphael de Valentin, después de caminar con la firme idea del suicidio, se distrae observando a una elegante mujer que lo lleva a entrar a una tienda de antigüedades, donde lo espera un hombre que aparece como un ser fantasmagórico, mostrando un amuleto que promete resolver el desorden económico de su vida, pero que irremediablemente lo sumirá en un caos moral y existencial. Aquel hombre extraño antes de mostrar el amuleto a Raphael, lo deja ver un cuadro donde se presenta Jesús, el salvador de los hombres, y por un momento este simboliza la esperanza, pero cuando Raphael observa que algunas partes de la pintura están invadidas por oro, no puede reprimir la desilusión, y recuerda entonces la razón que lo lleva a pensar en el suicidio. Las representaciones de la religión y la política francesa en las novelas de Balzac, son planteadas de forma que el lector las perciba de una manera muy sutil, aunque este declaraba abiertamente que el hombre no es bueno ni malo, y que la sociedad lejos de depravarlo, lo mejora y perfecciona. Esta es la razón por la cual Balzac creía firmemente que la religión y la sociedad podían hacer del hombre un ser con posibilidades de reafirmarse como un individuo capaz de vivir en armonía socialmente. El Evangelio se reflejaba en la tranquila simplicidad de aquellos ojos adorables, refugio de las almas conturbadas. Toda la religión católica se leía en una dulcísima y magnífica sonrisa, que parecía expresar el precepto en que se resume «Amaos los unos a los otros.» Aquella pintura inspiraba una plegaria, recomendaba el perdón, ahogaba el egoísmo, despertaba todas las virtudes adormecidas.(2)
La imagen presentada en la novela, antes que la piel de zapa, simboliza la religión católica, y representa el lado bueno del que habla Balzac. La piel de Zapa representa los deseos de los cuales habla el viejo a Raphael cuando este observa las antigüedades y descubre en su rostro la decepción ante la vida. El poder es planteado como algo que de no ser inspeccionado meticulosamente puede salirse de control. El querer y el poder son dos términos que consumen lentamente la vida del hombre. El poder es destructor mientras no exista un conocimiento absoluto de nuestros deseos, que pueden ser mal orientados e irremediablemente pueden conducir a una fatalidad como la muerte. Esta idea planteada por Balzac en La piel de zapa, es una muestra de que el poder tenía para el autor de la comedia humana, un peso invaluable, pero en realidad, a pesar de la problemática planteada por este, poder y religión se unían para favorecer en cierto grado, su posición social. Su opinión acerca de la iglesia da un giro radical, puesto que en 1831, en sus primeras obras parece desligarse totalmente de esta, puesto que critica abiertamente a la iglesia y la desacredita. Tiempo después, en 1845, cambia de parecer y declara que la iglesia debe ser defendida.
A esta defensa había estado Balzac dedicando sus esfuerzos tanto en polémicas como en propaganda. Como apologista laico de la cultura cristiana, o como portavoz adelantado a favor del catolicismo social, su posición era bastante explicita. Pero un credo no es un catecismo. La religión de Balzac era verdaderamente su propia religión; la había compuesto para su uso personal.(3)
La galería en la cual se introduce Raphael, es un carnaval por donde desfilan los continentes del mundo, representados en diferentes siglos, desde las pirámides de Egipto hasta las estatuas chinas. El mundo se muestra ante el joven en unas cuantas piezas que simbolizan al hombre a través de su cultura. La pintura de Rafael, y la piel de zapa, se contraponen, y es Raphael el que opta por la piel que personifica el poder. La sociedad francesa esbozada en la novela La piel de Zapa, deja ver todos sus excesos en el primer escenario; un salón de juegos, donde el oro se convierte en un exceso que no pueden permitirse todos, y un joven como Raphael entra al palacio real porque la idea del suicidio ya comenzaba a desarrollarse, y jugar su última moneda parecía representar una salida a sus problemas. La situación de pobreza y deudas presentada en muchos de sus personajes, era también la situación real de su vida misma. Balzac pasaba horas sentado frente a un escritorio para producir su basta obra literaria, y aunque como autor, es uno de los casos más extraños donde sus obras se vendieron rápidamente, fue conocido y obtuvo fama, también estuvo atado a deudas, la mayor parte de su vida, y como el confesaba en sus cartas a Eveline Hanska, muchos de sus anhelos y sus deseos más profundos fueron plasmados en sus novelas, razón por la cual solía poner como escenario casas que le agradaban, pero que se encontraban fuera de su alcance. La piel de zapa representa los deseos de poder y riqueza de la sociedad francesa, puesto que esta es la que Balzac intentó plasmar. Una piel mágica que pacta con un joven que aspira a tener lo que seguramente Balzac deseó desde que comenzó su vida como escritor, porque Balzac sufrió las mismas desventuras que su personaje, debido a que sus padres no aceptaban la idea de tener un hijo escritor, y únicamente lo ayudaron con el pago de sus rentas. La novela La piel de zapa como integrante de su genial obra La comedia humana, denota la avaricia natural en el ser humano, la sociedad de su tiempo presa de los bruscos cambios como la revolución industrial, buscaban si no bien mantener su lugar en los niveles sociales de Francia, (tal es el caso de la burguesía), subir un nivel en la escala social para tener una mejor calidad de vida, sin embargo este mismo deseo, empieza a alejar cada vez más al individuo de la naturaleza, y comienza un proceso de enajenación, que esta fue perfectamente caracterizado por Balzac.
(1) Honoré de Balzac. Obras selectas. Pág. 5 (2) Ibid. Pág. 12 (3) Levín Harry. El Realismo Francés. Pág. 211 BIBLIOGRAFÍA
Balzac. Obras selectas, Editorial Sopena, España, Madrid. 2007. Págs.621 Harry Levin, El Realismo Francés, editorial laila, Barcelona, 1974. Págs. 608. Erich Auerbach. Mimesis, CFE. México D. F. 2001. Págs. 531
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sábado, 09 de mayo de 2009 |
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Antonio Limón Yo no sé si el silencio hable, pero quiero que en esta noche diga:
Silencio de la nostalgia, soledad que no te tengo, que digo para sentirte lejos, que tengo para decirme vivo.
Lugar que no tenemos, que no has hecho, lugar sin tiempos,
que sólo ahí en tus sueños el vacío espacio de mis manos en tus pechos.
Sin lugares donde estar lejos.
Gritos que callan tu silencio, sueños que cuentan tu visiones, silencios que no cuentan, visiones que no callan, que cantan y callan cuando silencias tus sueños.
Pensar que soy yo el silencio, que al tiempo en que te tengo no tenemos espacio y tiempo para callar este silencio… y luego me dirías:
De la meditación al sueño ahí estás tú conjugándote entre espejos.
perdiéndote en el tiempo de un suspiro que antes era lo que un suspiro al tiempo.
Azul que tiembla el cielo que destemplaría las nubes en copretérito.
a lo que contestaría:
Estás ahí, vienes de lejos. En espera estoy de tu venida para que me acompañes la riza.
El péndulo marca otro tiempo. Escuchar el tictac de los días que nauseabunda tiernas melodías.
Sacar luciérnagas dormidas del bostezo de mi tiempo.
Apretar fuerte los parpados porque tu rostro se me olvida.
a lo que el silencio sencillamente me diría:
Otredad sería contigo para decir: silencio de tu voz que tengo.
Déjame la voz de mi garganta para decir más de este -callado silencio- |
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viernes, 01 de mayo de 2009 |
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Elysian Blaze Hävitetty
Hueles a mis recuerdos, me transportas a los andenes de nuestro eterno amor, suspiro y la nostalgia me hace lagrimear y el sueño vence. Miro a mi alrededor y todo me parece tan indiferente, ecos mudos en las paredes, no hay retratos, sólo un espacio vacío. Espectros parecen acompañarme y la inmortalidad parece durar un instante, todo se detiene y observo al sufrir cómo se evapora la noche en un alarido de resignación. Una melodía viene a mi mente, la canción que escribiste nunca pude olvidarla, se quedó en mis venas y el aliento son las frías notas que llegan a mi cerebro, persistentes. Me aíslo entre mis manos y la saliva se coagula hablándote al oído, no me respondes, no me sorprende, siempre fuiste un cuerpo de mujer distante. Recorro tus mejillas, tus manos, tus senos que nunca me fueron austeros, tus labios que antes sonreían y decían palabras de placer, tu voluntad siempre fue plegaria, casi un llanto sofocado; tu cuerpo un verso indescriptible, encriptado a veces por mis besos o un sendero perdido en la delicia lunar y palpitante. Tus ojos me ven y no me reconocen, lejanos como un sepulcro en la medianía del bosque, me entumo sabiendo que ya no me pertenecen, trato de tomarlos, de encerrarlos en mi propia mirada mas se rehúsan. Ya no están. … Ese vestido te hace ver misteriosa, como una ninfa en un jardín escribiendo letanías, estás como un reflejo inusitado, saliendo de la nada y que desaparece tras el primer chillido de un niño. Un reflejo que se disipa al acercarme, deseo poseerlo pero mis pisadas delatan mi obsesión por tus cabellos, tus hombros, tu espalda, tu cintura perdida, y al caminar con miedo en la noche sabes que te protejo: más me ignoras, qué hice, qué no pude hacer… … Regreso y aún estás ahí, inmóvil, y yo sollozando una y otra vez. Alguien entra, me despido, todo esto es en vano, de qué sirve, si solo, sólo contemplo tu cuerpo muerto. |
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viernes, 01 de mayo de 2009 |
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Juan Malpartida Tercera de tres partes
La Roma cristiana de Eliot se llama en Pound Confucio, y, aunque admiradores ambos de Dante, lo hacen por razones no siempre parecidas, cuando no claramente divergentes. Los dos fueron críticos con su tiempo, pero Eliot vio la ausencia de alma en el mundo moderno, mientras Pound criticó con verdadera obsesión la falta de generosidad y la rapiña no tanto en la gente común como en los políticos y financieros. Confuciano, Pound creía en una verdadera reforma de nuestro sistema social, basada en unas cuantas ideas éticas y un puñado de teorías sobre el dinero. Pound, incluso en los momentos más confusos de su vida, y tuvo varios, creyó en la capacidad transformadora del amor. Fue un poeta amoroso, algo que no podemos decir de Eliot. En éste hay pequeñas visiones del amor, pero perdidas en un mundo seco o bien salvado por la religión. En Pound no hay religión, salvo la de la poesía. En fin, esto y muchas otras cosas no nos permiten hablar de verdadera influencia. The Cantos ha sido una realidad problemática en la literatura del siglo XX. Sin duda contiene varios momentos de poesía verdadera, pero la mayor parte de sus más de setecientas páginas —que se convierten en más de dos mil en cualquier edición mínimamente anotada— es ilegible o intrascendente. Es, curiosamente, uno de los pocos poemas modernos que no pueden leerse sin un inmenso aparato de explicaciones. Es cierto que ha alimentado a muchos profesores pero, en cambio, a muy pocos poetas. El hermetismo de buena parte de este texto no le viene de que la realidad sea oscura o requiera una iniciación en el lector que lo transforme, intelectual, sensiblemente, en el lector que el poema requiere, sino de un procedimiento erudito basado en la referencia velada o elidida que una vez reconstruida no tiene más valor que si hubiera sido dicho en buena prosa. Su sistema, inspirado en la poesía china, o más exactamente en el sistema pictográfico de la lengua china, enfrenta sobre un plano realidades diversas, elidiendo los nexos y buscando un alto grado de síntesis. De esta manera, Pound nos cuenta, haciendo uso abusivo de textos previos (de nuevo: el palimpsesto), la vida de Malatesta y las perversas acciones de los Sforza, los Médicis, etcétera, o parafrasea para mostrarnos a Kublai Khan El libro de las maravillas de Marco Polo. Usa el mismo procedimiento en los capítulos en que revisa críticamente los milagros y pecados de algunos de los "Padres Fundadores" de la república americana, o bien en los muchos cantos dedicados a la historia de China, tomada, capítulo a capítulo, principalmente, de la obra del jesuita francés Père Joseph-Anne-Marie de Moyrac: Historia general de la China. Algún sinólogo dijo, contra cualquier observación sensata, que era la mejor introducción a la historia de este pueblo que se podía leer. No quiero ni pensar cómo serían sus clases si Pound le parecía claro. Como boutade puede ser admitida, pero no podemos admitirle ninguna otra licencia. Nada de esto podría ser considerado una crítica si el resultado fuera excelente poesía, pero no lo es: no lo es buena parte de esta obra en la que se salvan, como conjuntos, cantos como el ii (en el que el tema de la metamorfosis se expresa con una fuerza imaginativa asombrosa), el XLV y, dentro del conjunto final, donde la calidad y el sentido poético son más evidentes, el famoso CXVI. Pero estos cantos, y algunos más (no trato de ser exhaustivo en mi selección), al rescatarlos, desgajándolos de un conjunto que no termina de revelar su sentido, no hacemos otra cosa que alzarlos de manera crítica contra buena parte de los demás en los que, en realidad, Pound se dedica durante páginas y páginas a pegar recortes de frases, de manera literal o casi, apoyándose en su gran facilidad para usar el verso libre. Algunos críticos, bien intencionados, han discutido sobre cuál sea el tema de esta inmensa obra, o bien su coherencia. Cuando esté puesta la última pieza, todo encajará, dijo Hemingway con verdadera amistad; otros sospecharon que era una huida hacia adelante. Un número grande de profesores y de poetas que juran sobre el tocho de los cantos sin haberlo leído (en el doble sentido del término) pone los ojos en blanco ante el nuevo traje del emperador. No hay por qué cerrar los ojos: Pound es autor de diez o doce poemas, contenidos en Personae, realmente memorables, un conjunto de traducciones que tampoco podemos separar de sus mejores y más personales logros, además de los fragmentos citados de su obra (pretendidamente) magna. No es necesario, pues, admirarlo por lo que no logró hacer. El citado canto CXVI resume, retomando Pound todos sus poderes de poeta, lo que fue su aventura: "La belleza no es locura/ Aunque yo esté rodeado por mis errores y mis ruinas".
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viernes, 01 de mayo de 2009 |
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Fernando Amaya Alba, compórtate, tú ya comiste, deja que lo hagan también tus hermanas, no ves que dios da para todos. Blanca, no le vuelvas a picar el ojo a tu hermanita, no lo vuelvas a hacer, porque si no, no respondo, te voy a castigar, no habrá pan para ti si lo vuelves a hacer, ¿me has oído?; si, hazte la desentendida, solo me prestas atención cuando te conviene. Y en tiempo de frío unos cuantos cartones más, brrrr, y, eso sí, un resto de periódico, al cabo que en el palacio ese de gobierno, diario compran suficiente como para que yo no me entiese, cuando se siente el friíto. A mi no me engañan, en este mundo todo está jodido, díganme si hay alguien que no pasa trabajo. La mayoría finge demencia para no pasarla mal, yo en eso les saco ventaja. Nubecita, quítate esa mala maña de comer de más, un día de estos no vas a poder volar y te va a comer un gato, ñññrrr, se va a quedar con el hocico lleno de plumas, y tu mija chula, despanzurrada como algodón de azúcar en el chompo de un muchito. Además quien quita y el palomo aquel me pide tu mano, te imaginas jolgorio y mole, y Ray Oh Baby con su guitarra calándonos la desdicha; pero gorda, seguro que no te va a querer, pues así no se puede uno lucir con la falduda; ja, ja, ja, como si de eso se tratara, ya de viejo uno no se fija en taradeces. Pero ustedes son unas ternuras mis nenas, sin ustedes no podría vivir. Si me alcanza mañana les traigo meloncito, eso si, tienen que jurarme que se van a portar bien, nada de parrandas, ya les dije, no se echen bilé ni colorete, en mis tiempos no se acostumbraba esa jodidera, las mujercitas al natural valen lo que pesan. A mi no me engañan, todos nos vamos a morir, pero hay gente que se comporta como si tuvieran la vida comprada, puros desprecios para el pobre, y castigo. Cuantas veces no he ido yo a parar con mis huesos a la casa vieja, la única ventaja es que ahí se come diario, aunque sea arroz con frijol. Pero no hay como esta Alameda, las ardillas y ustedes mis hijas las palomas, que tengo la obligación de educar, hasta que hagan carrera, porque no pierdo la ilusión que, cuando menos una, saque diploma pa ´que me eche la manita, ya que resulta pesado mantener una familia de, no se, doscientos buches, lo bueno que ustedes con migajón y a veces fruta, se dan por bien servidas. Ya me voy eh?, mis amores, mis lunitas blancas, palabra que las quiero el resto. |
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viernes, 01 de mayo de 2009 |
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Julissa Roblero
Federico García Lorca reunía a sus amigos en la antecámara de su casa. Contagiado por el aire de alguna mustia línea musical, tocaba el piano y cantaba deliciosas canciones de cuna con las que seguramente ninguno de aquellos que le acompañaban iba a quedarse dormido. El poeta español que nació en Vaqueros, cerca de Granada, y murió en un barranco a las afueras de Víznar en 1936, comido por los tigres, había de sentir un deseo por descubrir la tonalidad poética de aquellas melodías que las madres españolas cantaban a sus hijos para que durmieran, para que durmieran sin querer dormirse, pues esa es la función de las nanas (1), dice Lorca, “dormir al niño que no tiene sueño”. En su conferencia Añada, Arrolo. Nana. Vou Veri Vu, que forma parte de Obras de Federico García Lorca editado por Alianza, el escritor descubre el sentido de las canciones de cuna, en particular, las que se entonan en España, en los pueblos de Andalucía, Asturias, Burgos, Granada, y otros más de la región ibérica. Lorca, al menos por ahora, al menos aquí, en este descubrimiento, está lejos del poeta que evoca al tiempo, al reloj, al hombre ensimismado en el hombre y se decide, por ventura, a voltear hacia el muchachito que vive al rastro de los detalles del mundo, de las cosas, de los actos, ese que se come la fruta con huellas de polvo y mira fijamente a las hormigas cómo van cargando su alimento hacia algún lugar al fondo de la tierra. García Lorca camina por las calles más puras del pueblo, por los sitios donde se abre el llanto de algún niño pequeño, aquel que llora de hambre, de frío y, sobre todo, motivado por el anhelo de seguir jugando antes de ser llevado al camastro. En todos los paseos que ha dado por España, Lorca decide buscar el elemento vivo y perenne de la melodía, esa que renueva los instantes de cada historia y en la que el tiempo vive un tembloroso y continuo presente. Cada melodía, dice, da nota de un ayer que salta de pronto a nuestro instante, una melodía viva y llena de latidos, “como una rana”. En la melodía habita el espíritu de la historia, pero aquí la luz del tiempo permanece ya sin fechas ni acontecimientos, y la melodía es el tono de un país y de sus épocas muertas, un tono que, según Lorca, nos muestra a la España con un sentimiento histórico que grita con un tic de melancolía que se despierta muy agudamente en sus canciones. Para Lorca, todo el orden de la conmoción española se halla justamente allí, en cada canción, en el ritmo, en el sonido nostálgico de su música. La apreciación lorcaniana es interesante: el tono trágico de la historia española resuena hasta en sus canciones de cuna. Una vez, paseando por Granada, relata Lorca que oyó cantar a una mujer del pueblo mientras dormía a su niño. Siempre había notado esta tristeza aguda de las canciones de cuna de su país, pero nunca, hasta ese momento, había sentido esa verdad tan concreta. Se acercó a la cantora para escribir la canción, y observó que se trataba de una andaluza guapa, alegre, sin el menor gesto de melancolía y que, al cantar así, tan sólo obraba con fidelidad ante la tradición de un gesto nacional que patinaba por su sangre, que le ordenaba que toda canción de cuna se canta con la tristeza debida. Desde ese momento, Lorca procuró recoger canciones de cuna de todos los sitios de España: saber de qué modo dormían a sus hijos las mujeres de su país, y, al cabo de un tiempo, tener la impresión de que allí, las melodías más tristes son las que pintan el primer sueño de los niños. Surge en Lorca una pregunta exquisita: ¿por qué la usanza de una melodía tan ofensiva para que el niño dormite? La melancolía, el gesto de lo apático, lo agraviante, son modulaciones que no se ajustan a la sensibilidad tan delicada del infante, una sensibilidad que debería ser tocada, con mejor decisión, por aquellos cantos alegres de España, con aquellas chanzas, bromas y encantadores madrigales. Pero, a fin de cuentas, se trata de la tradición, y ésta, sabemos todos, difícilmente confía en las variaciones, porque difícil también es pensar que las canciones de cuna españolas dejen de ser algún día armonías melancólicas y se canten, con mejor lirismo, incitando en el niño un descanso amable. Pero Lorca apunta un dato que, en definitiva, elucida con mayor nitidez este asunto: la canción de cuna está inventada por mujeres del pueblo, aquellas cuya vida se complica en la pobreza, en la renuncia, en el abandono, y para quienes un hijo, más allá del bienaventurado sentido de amor, significa una carga, una difícil carga a la que hay que soportar con la misma desgana en que una canción les arrulla, contagiándoles en la melodía el sentido de la pesadumbre. Esa melancolía rítmica de las canciones de cuna se vuelve todavía más enfática por las letras que las acompañan. Las canciones, dice Lorca, ilustran un pequeño escenario, un paisaje abstracto, casi siempre mostrando la noche, y en ella pone, como en el auto más simple, uno o dos personajes que realizan una acción espontánea y casi siempre de un efecto melancólico. Para finalizar esta apostilla personal, muy próxima, creo, al epítome, transcribo a continuación las canciones de cuna con que García Lorca ilustra su conferencia:
Así, pues, la letra de las canciones va contra el sueño y su río manso. El texto provoca emociones en el niño y estados de duda, de terror, contra los cuales tiene que luchar la mano borrosa de la melodía que peina y amansa los caballitos encabritados que se agitan en los ojos de la criatura. * Federico García Lorca
Duérmete, mi niño, Que tengo que hacer Lavarte la ropa, Ponerme a coser. Tamamanes (*Son canciones para el día y la hora en que el niño tiene que jugar. Y a veces la madre realiza una verdadera batalla que termina con azotes, llantos y sueño al fin.)
A la nana, nana, nana A la nanita de aquel Que llevó el caballo al agua y lo dejó sin beber. Granada
Las vacas de Juana No quieren comer Llévalas al agua, Que querrán beber. Salamanca
Por aquella calle a la larga Hay un gavilán perdío Que dicen que va a llevarse La paloma de su río. Santander A mi caballo le eché Hojitas de limón verde Y nos las quiso comer Burgos
(*Los cuatro textos, aunque de personajes diferentes y de sentimientos distintos, tienen un mismo ambiente. Pero las melodías son dramáticas, siempre de un dramatismo incomprensible para el oficio que ejercen.)
Tengo sueño, tengo sueño, Tengo ganas de dormir. Un ojo tengo cerrado, Otro ojo a medio abrir. Salamanca
(La madre hace de niño al revés. Usurpa el puesto del niño de una manera autoritaria y, claro está, como el niño carece de defensa, tiene forzosamente que dormirse.)
Vete de aquí; tú no eres mi niño; tu madre es una gitana.
Tu madre no está; no tienes cuna; Eres pobre, como nuestro Señor.
(El niño es maltratado, zaherido de la manera más tierna. Ya no se trata de amenazar, asustar o construir una escena, sino que se echa al niño dentro de ella, sólo y sin armas, caballero indefenso contra la realidad de la madre. La actitud del niño en esta clase de nanas es casi siempre de protesta, más o menos acentuada según su sensibilidad. )
Duérmete, mi niño, duerme, Que tu madre no está en casa, Que se la llevó la Virgen De compañera a su casa.
(Oigan ustedes esta nana que se canta en Cáceres, de rara pureza melódica, que parece hecha para cantar a los niños que no tienen madre y cuya severidad lírica es tan madura que más bien parece canto para morir que canto para el primer sueño.)
Este palaguito No tiene madre, Lo parió una gitana, Lo hechó a la calle. Santander
(Es una nana de este tipo triste en que se deja solo al niño, aun en medio de la mayor ternura.)
Duérmete, niño pequeño, Duerme, que te velo yo; Dios te dé mucha ventura Neste mundo engañador Morena de las morenas, La Virgen del Castañar, En la hora de la muerte Ella nos amparará
(En Béjar se canta la nana más ardiente, más representativa de Castilla. Canción que sonaría como una moneda de oro si la arrojásemos contra las piedras del suelo.)
Todos los trabayos son Para las probes muyeres Aguardando por les noches Que los maridos vinieren Unos veníen borrachos, Otros veníen alegres; Otros decíen: Muchachos, Vamos matar las muyeres.
(En Asturias se canta esta otra añada, en la cual la madre se queja de su marido para que el niño la oiga. La mujer mece al niño con una herida en los pies, con una herida que tiñe de sangre las cruelísimas maromas de los barcos.)
El que está en la puerta Que non entre agora, Que está el padre en casa Del neñu que llora. Ea, mi neñín, agora non, Ea, mi neñin, que está el papón. El que está en la puerta que vuelva mañana, que el padre del neñu está en la montaña
Palomita blanca Que andas a deshora El padre está en casa Del niño que llora Palomita negra De los vuelos blancos, Está el padre en casa Del niño que canta
(Es difícil encontrar en toda España un canto más triste y de más cruda salacidad. Es la canción de cuna de la mujer adúltera que, cantando a su niño, se entiende con el amante. La madre asusta al niño con un hombre que está en la puerta y que no debe entrar. El padre está en casa y no lo dejaría. Hay ejemplos en Salamanca, Asturias, Burgos y León.)
(1) nana es el nombre genérico de las canciones de cuna en España.
G. LORCA, Federico. (1984)Obras. Madrid: Alianza Editorial.
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Escrito por Pendulo
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viernes, 01 de mayo de 2009 |
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Marisa Trejo Sirvent Segunda de dos partes
Otros momentos especiales con Jaime Sabines, los viví una noche en que me encontré con Raúl Garduño en el parque y me invitó a una fiesta. Como mi padre me prohibía su amistad, por ser yo muy joven y Raúl muy bohemio, no pedí permiso sino que me fui de pinta. La reunión de poetas e intelectuales se dio cita en la 2ª. sur con el callejón oriente. Llegué con Raúl que me esperaba en esa esquina y fue la primera vez que pude platicar con Jaime Sabines. Yo era una jonen de 19 años y apenas comenzaba a tallerear mis poemas con Raúl Garduño. La casa donde se hacía la reunión estaba en una zona popular a una cuadra del mercado de Tuxtla Gutiérrez. Don Jaime Sabines sentado en un sillón individual. De cada lado, una linda muchacha, admiradoras que estaban encantadas de conocer al poeta. El platicó toda la noche como él sabía hacerlo, sobre la poesía, mientras en la reunión los asistentes charlaban con él, echaban trago al por mayor, se leían poesías y se hacían preguntas a don Jaime que era considerado siempre como una autoridad en materia poética por los intelectuales ahí reunidos. El contestaba como si estuviera diciendo un poema y su trato era amable pero no fácil porque había que estar a la altura de lo que hablaba, aunque sí era un hombre muy sencillo, dulce, pero inteligente. Me impresionó en esa ocasión, como siempre lo haría a través de mi vida, que no tenía ningún reparo por expresar libremente su parecer, además de la profundidad de sus pensamientos y la claridad con la que los expresaba. Nunca terminaré de agradecerle a Raúl Garduño que él haya sido quien me presentó a don Jaime, aunque yo ya lo conocía desde pequeña pero él no me recordaba o no me identificaba como poeta . Fue la primera vez que pude decirle que escribía poesía y leer algún pequeño poema que me acababa de publicar Raúl en la revista de la Universidad Autónoma de Chiapas, “Divulgación Literaria”. Yo era apenas una jovencita y hablar con él fue para mí una experiencia que marcó mi vida ya que definió de una vez por todas, mi interés hacia la literatura, pues aunque ya escribía desde los trece años, no tenía muy definido si realmente me quería dedicar a este oficio o si sólo era una afición de juventud como la tienen muchos que escriben movidos por los enamoramientos, por los noviazgos pasajeros tan comunes a esa edad.
Luego lo vería una vez más en otra reunión similar pero en San Cristóbal de las Casas, en compañía de Raúl Garduño, Joaquín Vásquez Aguilar, Ambar Past, Pancho Alvarez y algunos otros intelectuales de San Cristóbal. El ambiente era un poco más bohemio, con algo de hippismo que nos hacía sentir una mayor sensación de libertad y nos daba la impresión de vivir algo mágico. La casa donde se llevó a cabo, de manera informal porque fue casual, era una casona tipo colonial que nos hacía remontar en otra época. En esta reunión alguien cantaba y luego se leían poemas. Fueron momentos muy agradables de convivencia con el poeta, o mejor dicho, con los poetas, todos queridos, todos magníficos. No sé si ellos recuerden esta reunión pero en mi mente si permanece clara y verdadera su voz declamando algún poema que le pedíamos dijera, sus palabras y su personalidad impactante que era difícil pasar por alto. Las horas pasaron hasta la madrugada, con mucho frío, pero al calor de las ideas y el gusto por la poesía en lo que fue una maravillosa velada.
Posteriormente, Don Jaime se hizo muy amigo de mi hermana con quien sostenía largas conversaciones telefónicas. Yo trataba siempre de escuchar por el otro teléfono sin atreverme a interrumpir, más que al final para saludarlo rápidamente. Lo que yo quería era escucharlo. Socorro lo había conocido cuando ella trabajaba en con Enoch Cancino Casahonda y con Alberto Garzón en la Secretaría de Gobierno. Su hermano Juan era en ese entonces gobernador. Nuestra amistad se estrechó aún más a partir de que se le nombro jurado de un concurso porque varios amigos en común, Violeta Pinto, Margarita Becerra Pino, Roberto Ovilla Martinez, Octavio Sirvent y mi hermana Socorro tenían un grupo cultural llamado “En busca de la silueta de la sombra”. Don Jaime dijo que sería jurado pero si le cambiaban el nombre a la dichosa asociación por el de Romualdo Moguel, un periodista singular, especie de Quijote, que tuvo la ciudad de Tuxtla Gutiérrez, y así se hizo, se le cambió el nombre, ya que era la condición que había dado el poeta para aceptar ser jurado. Muchos años después Socorro le haría una entrevista que se filmó y que posiblemente tengan en canal 22 o en el 11. Ella llegó a visitarlo también varias veces cuando estaba enfermo. En una ocasión que le llamamos para agradecerle un libro, Socorro me dijo que le había contado que lo habían vuelto a operar con onceaba vez. Ese día escribí el poema “Con mi propia sombra” que se lo dediqué a él y se lo envié por carta. Siempre fue muy sencillo, generoso, agradecido y detallista. También lo habíamos visto en el Homenaje que se le hiciera en el Polyforum de Tuxtla Gutiérrez y en otros eventos públicos. Lo vi también en Yuria para una entrevista que le hiciera mi querido amigo Juanito Balboa, a donde lo acompañamos mi esposo, José Luis Ruiz Abreu y yo, rodeado de pinos, en el paisaje que él le encantaba.
El nombre de Jaime Sabines nos ha acompañado también en los diversos homenajes, encuentros, pequeñas antologías, artículos en suplementos culturales y recitales que le hemos dedicado Socorro y yo desde 1985, y que hemos organizado, año con año, en Chiapas. Uno de los más lindos fue el 1er. Encuentro Internacional del año 2006 por el ochenta aniversario de su nacimiento donde participaron ciento veinte poetas, entre los cuales estuvieron muchos chiapanecos y alrededor de sesenta poetas nacionales e internacionales. El cariño que todavía sentimos por él se mantiene vivo a pesar de que ha pasado una década desde su fallecimiento.
Vino del mar y de la tierra, del viento que sopla fuerte en la montaña, del génesis y los episodios bíblicos, del Cantar de los Cantares; de los poetas griegos; los poetas sufíes y persas, de Antar, el Mío Cid de la literatura árabe, de los cuentos de Las Mil y una Noches contados por el Mayor Sabines; de los más claros vertientes de Neruda, García Lorca y de Alberti; viene de los Gutiérrez y de los Moguel, amantes de la poesía; viene del ardor de la fiebre y del llanto verdadero, de los pasillos de los hospitales; de la “frescura del amanecer en el aire”; del Sabinal por el que reprobó un año de la escuela; viene también de la confianza que le dio Pedro Garfias cuando calificó a Tarumba como su primer gran poema; viene de su descubrimiento de lo que llamamos vida; de sus actos de amor, de su pasión por las mujeres, del amor mágico por María Asunsolo; de su mirada a una Pita Amor desnuda sobre una mesa; de verle el ángulo hermoso hasta la mujer más fea; del gusto de doña Luz de tener a un hijo poeta y a la que quiso llevar a cuestas a su madre para ver el mundo; viene de sobrevivir el asedio de la muerte, la soledad y el amor. Quiso “vivir entero hasta los ochenta” y fue feliz hasta preguntarle a Dios: “¿Es una más de tus pruebas, Dios mío?; no quiso que se le exhibiera en vitrina y prefería el rancho a los homenajes dados en la Rotonda de los Hombres Ilustres, por eso escogió Yuria para olvidarse un poco del mundo; supo ser amigo de los hombres comunes y corrientes y los enalteció hasta volverlos especiales; huyó de los grupos de escritores e intelectuales porque quiso seguir siendo su amigo y amándolos; odiaba las guerras y supo deletrear “el abecedario de las estrellas”; amó a la lluvia y la sintió sobre su piel para escribir sobre lo que se ha vivido y no para edificar construcciones poéticas perfectas; supo llorar en los eclipses y enojarse con Rosario cuando le dijeron que había muerto; llamó a los gatos “vigilantes del amanecer”; supo que el amor es una droga y que no vuelve nunca, sólo su sombra; supo también que un pedazo de luna “sirve para encontrar a quien se ama” y para mirar “lo que quieras ver”. Amó los riesgos, supo que su destino era la muerte porque “no retorna el polvo de oro de la vida”, supo antes de morir que “todo se hace historia, memoria y olvido”, pero al fin, poeta sabio, supo también que “el olvido es la sobrevivencia”.
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Escrito por Pendulo
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viernes, 01 de mayo de 2009 |
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Sllenii Sánchez Gabriel
A diferencia de Henry Beyle, que plasmó por medio de una visión individualista a la sociedad de su tiempo, Honoré de Balzac construyó a través de sus textos, una imagen íntegra y completa de la sociedad francesa, forjándola con valores notablemente sociales. Balzac nació en 1999, año en que sucedió también el golpe de estado de Napoleón. En 1831, cuando Balzac publicó su primera novela, Francia se encontraba sacudida por una situación política inestable. Después de reinar por cinco años, el rey Carlos X fue obligado a retirarse del poder en la revolución de 1830, conocida también como la revolución de Julio. Carlos X fue reemplazado por Luis Felipe I, quien se autodenominó el rey de los franceses. La monarquía de Julio trajo consigo una desorganización de la sociedad burguesa, perdiendo liderazgo y debilitándose velozmente. Balzac consiguió esquivar los fuertes impuestos a los que se enfrentaba un escritor que vendía sus textos, debido a que aprendió a comercializar bien su talento mientras la burguesía se mantuvo en un sitio privilegiado. Antes de que el libro fuese terminado, Balzac creó exaltación acerca de la novela publicando una serie de artículos y de fragmentos de la historia en diversos diarios de París. A pesar de que estuvo atrasado cinco meses con el traspaso del texto, tuvo éxito en la generación del suficiente interés que hizo que la novela fuera vendida rápidamente posteriormente a su publicación. Tiempo después fue lanzada una siguiente edición que incluía una serie de doce cuentos de corte filosófico. Aunque la novela utilice componentes ficticios, su enfoque primordial es una representación realista de las exuberancias del materialismo burgués. La afamada atención al detalle de Balzac se utilizó para describir una casa de juego, una tienda antigua, un banquete real, y otras escenas. Él también incluye detalles a partir de su propia vida como escritor luchador, poniendo al personaje principal en una residencia similar a la que él ocupó al principio de su carrera literaria. La novela estableció a Balzac como una figura destacada en el mundo de la literatura francesa. Los editores lucharon entre sí mismos para publicar sus futuros trabajos, y él se convirtió en un apoyo principal en la lista de invitación para las funciones sociales alrededor de París. Balzac abandonó la carrera de leyes, para dedicarse a la vida de escritor. Sus padres aceptaron ayudarle pagando la renta de un pequeño cuarto, a cambio de donarles la mitad de las ganancias que le produjera las ganancias de una publicación. Después de publicar bajo varios pseudónimos, y de no conseguir popularidad, buscó una mejor forma de sobrevivir y abrió un negocio como impresor y editor, donde imprimió diversos tipos de documentos, como propagandas y ediciones de obras clásicas. Debido a que siempre tuvo gustos excéntricos, pronto se vio envuelto en deudas, que casi lo hicieron llegar a bancarrota, pero antes de llegar al final de sus días, logra liquidar todas sus deudas. Acto que nos remite al personaje principal de su novela La piel de Zapa, Rafael, que ante la desesperación de la pobreza, después de jugar su última moneda, le sobran algunas más para solventar la limosna de un niño y un anciano. La desorganización de la sociedad francesa se ve reflejada no solo en su labor literaria, que en conjunto fue llamada La comedia humana, sino también en su vida misma. Las ambiciones, las deudas, la oferta y la demanda generaron desequilibrio. Este desorden fue impulsado por la revolución francesa, la razón principal que llevó a Francia al desorden total, idea compartida por Balzac y sus contemporáneos. La comedia humana plasma a la sociedad francesa hundida en un estado de quiebra, pero al mismo tiempo Balzac intentó a través de sus textos, componer de alguna forma el desorden político y cultural en el que se encontraba su país. Harry Levin afirma que las obras completas de Balzac, son un intento desesperado por imponer un cosmos al caos de la vida contemporánea, y que cada uno de los volúmenes de La comedia Humana puede ser etiquetado como una deuda pagada. En efecto, tal parece que sus personajes intentan liquidar por medio de sus actos, deudas no solo de tipo financiero, sino también morales y sociales. Rafael, personaje principal de su novela Piel de zapa, necesita retractarse del pacto hecho con la piel, que poco a poco se consume. Los personajes de sus novelas se enfrentan en la mayoría de los casos a la idea del suicidio, y después algo se les presenta, ya sea un aparador que aguarda un talismán para Raphael en La piel de zapa, así como Lucien de Rubempré es rescatado del suicidio por un sacerdote español. En ambos casos se presentan los excesos como un peligro, como un desorden que se impone a los héroes, y los lleva de nuevo a la desgracia. La crítica general está de acuerdo en considerar la comedia humana como la exposición viva de un siglo francés y el mundo más extenso y más diverso jamás creado por un novelista. Balzac representa al escritor esforzado e indiscutible de toda una época de la historia francesa y nos representa a su sociedad en uno de los momentos históricos más críticos, periodo de transformación entre el mundo semifeudal que antecede a la revolución y el mundo burgués que va a seguirle conformado por los ideales de aquélla y las nuevas circunstancias ocasionadas por la innovación industrial, y configurando a su vez el siglo XIX y la sociedad moderna. Aunque la mayoría de los personajes de Balzac, de acuerdo a la época, pertenecen a la burguesía, en sus diferentes ámbitos sociales, también plasmó cada uno de los círculos sociales existente en la Francia de su época, mostrándonos la realidad de las clases sociales, desde la más alta hasta la más baja, y en las más variadas experiencias. A diferencia de los novelistas anteriores, que intentan mostrar también una realidad social, basando su discurso en una relación amorosa, Balzac introduce en su obra La piel de Zapa, un componente tremendo que rompe con los esquemas anteriores, y que en ese momento representaba el elemento común de la vida capitalista: el dinero. La primera parte de la novela La piel de zapa hace una meticulosa reflexión sobre el dinero. Cuando Raphael entra a la casa de juegos, observa en los rostros de los jugadores un placer especial por dejar al azar el futuro de su vida. El marfil produjo un ruido seco al chocar con el metal, y la moneda, rápida como una flecha, fue a reunirse al montón de oro apilado delante de la caja .El desconocido cerró los ojos dulcemente y sus labios blanquearon; pero casi en el acto descorrió los párpados, su boca recobró un rojo coralino, y afectando el aire de un inglés para quien la vida carece ya de misterios, desapareció sin mendigar consuelo con una de esas miradas desgarradoras que los jugadores, en su desesperación, suelen lanzar con harta frecuencia a la galería. ¡Cuántos acontecimientos se agolpan en el espacio de un segundo y qué de cosas en un golpe de dados! Balzac tuvo una vida que coincidió de manera asombrosa con sus textos, y con la trama que representaba cada uno de sus personajes. Preso por la pluma como el mismo se declaraba, después de intercambiar cartas con Eveline Hanska, durante más de diecisiete años, logra contraer matrimonio, pero meses después muere debido al exceso de trabajo al cual estuvo sometida la mayor parte de su vida. Cuando al fin logró poder y amor, trágicamente termina su vida, al igual que la trama de sus novelas.
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